Flexibilidad con Scrum: ¿una única metodología?

Uno de los buenos libros acerca de gestión de proyectos usando metodologías ágiles, es sin duda Flexibilidad con Scrum. Libro electrónico de descarga gratuita (ahora ya sin temor de que nos ataquen con tanta SOPA y PIPA).
Como entrante les dejo con un párrafo que al autor nos desliza en el prólogo para invitarnos la debate sobre la mejor forma de organizar el desarrollo de determinado software:
Decir software es decir mucho y no decir nada. Que de software es el sistema de guiado de un misil balístico, y de software también el juego de la videoconsola; pero no es razón suficiente para que ambos se tengan que desarrollar con los mismos procesos de ingeniería, o con las mismas prácticas de gestión.

Cómo saber cuando ya no eres mi amigo en Facebook

En Mashable aparece un artículo en el que nos cuentan cómo hacer para enterarnos cuando alguien nos ha eliminado de sus lista de amigos en Facebook. Un pequeño truco que de seguro se adelanta a alguna funcionalidad aún por aparecer en la red social.

Seis lecciones para la gestión de Scrum distribuido

Extracto del artículo aparecido en Navegapolis

(...)
Seis lecciones aprendidas para la gestión de Scrum distribuido:
Lección 1: Se empieza con mucha voluntad...
Pero es dífícil mantener la motivación y el compromiso con los rituales ágiles previstos.
Sugerencia de gestión: Escribir las motivaciones y compromisos individuales para tenerlos presentes y visibles como banderas a lo largo del proyecto. 
Lección 2: No caer en el principio de pareto
Trabajar por separado acentúa la tendencia a enfatizar y consumir mucho esfuerzo en tareas de preparación, aplicando esfuerzo ineficiente (80% de esfuerzo en un 20% del resultado).
Sugerencia de gestión: Conocimiento previo de los conceptos de Scrum, y aplicar pautas y artefactos de gestión simples. 
Lección 3: Asignatura difícil: Gestión individual del tiempo
El trabajo distribuido reduce la visibilidad de problemas en miembros del equipo por una mala autogestión del tiempo. Los miembros de equipos separados deben conocer y aplicar de forma disciplinada los principios para la buena gestión del tiempo. Las prácticas de Scrum  para priorizar y estimar las tareas y seguir su evolución de forma cercana y con compromiso de equipo, son especialmente útiles, pero más difíciles de poner en práctica entre personas geográficamente dispersas. 
Prácticas aconsejadas:
  1. Periodo de práctica y aprendizaje previo para poner a prueba las habilidades de gestión del tiempo, realizando prácticas de estimación y ejecución de tareas.
  2. Asesoramiento en el análisis y priorización de las tareas pendientes.
  3. Mostrar a los "perfeccionistas" que la perfección es imposible e innecesaria.
  4. Recordar que el tiempo es un recurso valioso.
Lección 4: Ser impasible... ¡mantener un ritmo de trabajo constante!
No olvidar el principio ágil de mantener una velocidad equilibrada, sin fluctuaciones. Sin momentos de estres que queman y desmotivan, ni periodos de procrastinación. 
Lección 5: El fin justifica los medios.
El foco del trabajo no es la eficacia o la estética de la codificación. Son puntos técnicos que no deben consumir más foco que el necesario para garantizar el objetivo real: entregar una aplicación operativa. 
Lección 6: La capacidad del barril depende de su tabla más corta.
Cada miembro tiene sus debilidades, o tablas más cortas, y sus fortalezas, o tablas largas. La organización del equipo debe conseguir la distribución del trabajo y el resultado combinando y sumando las fortalezas, no las debilidades.
(...)
 Para aquellos que muchas veces nos embarcamos en grandes proyectos freelance, estos consejos son de una utilidad vital.

El Celular de Hansel y Gretel


El Celular de Hansel y Gretel

por Hernán Casciari

 Anoche le contaba a mi hijita Nina un cuento infantil muy famoso, el de Hansel y Gretel de los hermanos Grimm.

 En el momento más tenebroso de la aventura, los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa.
 Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer.

 Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: 'No importa. Que llamen al papá por el celular'.

 Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura -toda ella, en general- si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años.

 Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

 Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía.

 Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace. ¿Ya está?

 Muy bien. Ahora ponga un celular en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda.

 ¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo?.

 La Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las viejas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad
 menor.

 Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate.

 Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria.

 Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam.

 Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica.

 Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí.

 Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana.

 Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil.

 Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa.

 La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicació n fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y
 entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler).

 Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis:

    M HGO LA MUERTA,
    PERO NO TOY MUERTA.
    NO T PRCUPES NI
    HGAS IDIOTCS. BSO.

 Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción 'Banda ancha móvil' de Movistar.

 Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados.

 La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría 'Cien años sin conexión': narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el Messenger.

 La famosa novela de James M. Cain -'El cartero llama dos veces'- escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría 'El gmail me duplica los correos entrantes' y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir.

 Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, 'Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura', la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo.

 En la obra 'El jotapegé de Dorian Grey', Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición.

 La bruja del clásico Blancanieves no consultaría todas las noches al espejo sobre 'quién es la mujer más bella del mundo', porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90 la conexión y 0,60 el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría.

 También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi.

 Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas.

 Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa.

 La telefonía inalámbrica -vino a decirme anoche la Nina, sin querer- nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles.

 Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora?

 No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá.

 Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador.

 ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma.

 Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan.

 Nuestras tramas están perdiendo el brillo -las escritas, las vividas, incluso las imaginadas- porque nos hemos convertido en héroes perezosos.

¿Y quien dice que Google no comete errores?

¿Y quien dice que Google no comete errores? Miren este producto de Google que a día de hoy Enero 24, 2012 06:20 UTC da un error feísimo de Django por tener la variable DEBUG activada en un sitio de producción. http://www.valueoftheweb.com/